María Leirós, PhD: «Si los niños tuviesen el mismo miedo que los adultos a equivocarse, muchos de nosotros aún seguiríamos gateando»

El 3 de octubre de 2024 conversé con María Leirós, doctora en Neurociencia y Psicología Clínica, sobre aislamiento, ansiedad, redes sociales y bienestar en el trabajo. Recupero aquí la entrevista publicada originalmente en LinkedIn, con ajustes de estructura y tipografía.

Nota editorial: las respuestas reflejan la perspectiva de María Leirós en aquella conversación y no una actualización de sus opiniones. El texto es periodístico y divulgativo: no constituye consejo clínico, diagnóstico ni tratamiento.

El aislamiento de la pandemia y sus efectos

David: María, hemos visto un aumento significativo en los casos de trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, especialmente tras la pandemia. ¿Qué papel han jugado los factores sociales como el aislamiento y la incertidumbre económica en este aumento, y cómo podemos enfocar la terapia para ayudar a las personas a recuperar el equilibrio en sus vidas?

María: El aislamiento durante la pandemia de COVID y, en cierto modo, el “aprendizaje del aislamiento” siguen afectando a muchas personas. Al hablar de aprendizaje, me refiero al recuerdo de esa etapa y a los miedos que pudieron generarse a raíz de ella. Es habitual encontrar en consulta a personas que perciben un aumento en sus niveles de ansiedad o sintomatología depresiva desde aquellos meses de 2020.

Como sociedad, hemos interiorizado que somos seres sociales que necesitan a los demás, pero quizás aún no somos del todo conscientes de hasta qué punto. Existen estudios que comparan las redes cerebrales que se activan cuando sentimos hambre con las que se activan cuando necesitamos interacción social, y los mecanismos son sorprendentemente similares. Es decir, tenemos “hambre” de socializar, no solo de conversaciones, sino también de contacto y cercanía física. Sin embargo, es importante reconocer que cada uno de nosotros tiene distintas necesidades en cuanto a actividad social, y es fundamental identificarlas para que lo que debería ser gratificante no se convierta en un factor de sobrecarga.

La incertidumbre económica también es un factor que nos pesa a todos, pero afecta de manera más intensa a los grupos con menos poder socioeconómico, entre los cuales ha aumentado el consumo de psicofármacos, todavía más desde la pandemia. Parte de la razón es que estos tratamientos son más accesibles y económicos que el tratamiento psicológico.

La terapia debe ser individualizada; caer en generalidades puede hacer que perdamos los matices que necesitamos para ayudar a cada persona. Como se dice en ciencia, cada caso es único (“n=1”), con sus propias peculiaridades y contexto, y su tratamiento debe ser igualmente personalizado.

Trastornos de la conducta alimentaria: sufrimiento y necesidad de control

David: Sabemos que los trastornos de la conducta alimentaria están vinculados con la imagen corporal y la autoestima, temas que afectan a un mayor número de personas de lo que se suele reconocer. En mi opinión, se habla poco sobre la magnitud de este problema. ¿Qué factores crees que están contribuyendo a la aparición de estos trastornos y qué medidas preventivas podemos implementar, tanto a nivel social como clínico, para hacer frente a esta realidad?

María: En los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) la preocupación por el físico y la alimentación son solo la cara visible. Estas dos cuestiones suelen ser la consecuencia de un problema más profundo. En el desarrollo de cualquier TCA encontramos a una persona que está sufriendo, desbordada por su situación y que, en ese momento, carece de los recursos y habilidades para enfrentarse a lo que atraviesa. El TCA aparece como una “solución perversa”, ofreciendo una falsa promesa de control sobre algo social y culturalmente valorado, como la pérdida de peso o la delgadez.

Los factores sociales y culturales que contribuyen a este problema son numerosos: el abuso de filtros en redes sociales, campañas publicitarias irresponsables, la exposición cada vez más temprana al ideal de belleza, la banalización de la cirugía estética y la cultura de la dieta que todavía se impone. Además, factores individuales como haber pasado por momentos de grandes cambios, tener una baja autoestima o sentir rechazo o insuficiencia también juegan un papel importante.

La prevención debe comenzar desde la educación: en el respeto hacia los demás, en el desarrollo del pensamiento crítico, en la creación de vínculos sociales sanos y seguros, en la gestión emocional, el autocuidado y el autoconocimiento.

Conectados, pero escuchándonos menos

David: En una sociedad cada vez más conectada digitalmente pero desconectada emocionalmente, ¿crees que la falta de habilidades relacionales está contribuyendo al aumento de la ansiedad y la depresión? ¿Qué técnicas utilizas para mejorar estas habilidades en tus pacientes?

María: Sin duda. Charlamos mucho y estamos constantemente conectados, pero nos expresamos y escuchamos muy poco. Existen estudios que demuestran que simplemente tener el móvil cerca reduce nuestra capacidad de atención. Por otro lado, también se ha demostrado que nos sentimos menos escuchados cuando hay dispositivos móviles cerca, y aún más si se utilizan durante la conversación. Este fenómeno se conoce como phubbing, que significa ignorar a la persona con la que estamos por estar consultando nuestro teléfono. Además, se relaciona con otro concepto llamado FOMO (Fear of Missing Out), o el miedo a perdernos algo, que nos lleva a estar permanentemente conectados.

Cuando no nos sentimos escuchados, se dificulta el uso de estrategias naturales de regulación y gestión emocional, como expresarnos abiertamente en conversaciones. Esto puede bloquear parte de ese mecanismo de regulación emocional y conducir a la represión emocional, lo que a su vez aumenta la vulnerabilidad a la ansiedad y la depresión.

Con mis pacientes, trabajo mucho en estrategias de expresión emocional, en la escucha activa y, sobre todo, en la atención plena. No podemos prestar verdadera atención si nuestra mente está en otra parte. Entrenar nuestra capacidad para concentrarnos es difícil, pero tiene efectos muy beneficiosos en nuestro estado de ánimo, nuestras relaciones y nuestra capacidad de disfrutar de las experiencias.

El efecto de las redes sociales en la autoestima

David: Hoy en día, las personas están más expuestas que nunca a las redes sociales, lo que puede impactar profundamente en su autoestima, sobre todo por la constante comparación que se fomenta. Además del “efecto Instagram”, donde todo el mundo parece llevar vidas perfectas y felices, ¿crees que algo similar está ocurriendo en plataformas como LinkedIn, donde se proyectan carreras profesionales llenas de éxito? ¿Qué consejo darías a quienes nos leen para construir una autoestima sólida en este entorno tan competitivo?

María: Es muy complicado controlar nuestros pensamientos y juicios cuando estamos expuestos de manera constante a vidas y carreras aparentemente perfectas en redes sociales. Siempre explico en consulta que nuestro cerebro no está diseñado para compararse con miles de personas a la vez. Durante la mayor parte de nuestra historia, convivíamos en comunidades mucho más pequeñas donde podíamos ver tanto las luces como las sombras de la vida de los demás. Hoy en día, solo vemos la parte que las personas eligen mostrar, y eso nos lleva a sobreestimar lo ajeno e infravalorar lo propio. Experimentamos nuestras luces y sombras, pero no percibimos las de los demás.

La construcción de la autoestima es un proceso complejo, que depende de muchos pilares y que no termina nunca. No es algo que podamos hacer una vez y ya dejarlo. Es un trabajo continuo a lo largo de la vida, que requiere pensamiento crítico, pero también amabilidad hacia uno mismo, autoconocimiento y respeto por nosotros mismos.

Hiperexigencia y responsabilidad de las organizaciones

David: Con el estrés laboral en aumento, muchas personas están al borde del burnout o síndrome de estar quemado en el trabajo. Siendo realistas, la mayoría de las empresas no ofrecen herramientas adecuadas para gestionarlo. Desde tu perspectiva clínica, ¿qué responsabilidad tienen las organizaciones en crear entornos que prioricen la salud mental, y qué deberían hacer las personas que empiezan a notar los primeros signos de ansiedad relacionada con el trabajo cuando no encuentran ese apoyo en su empresa?

María: En la consulta, vemos cada vez más casos de estrés laboral crónico. Son pocas las empresas que realmente ofrecen a sus empleados los recursos necesarios para cuidar de su salud mental en el entorno de trabajo. Los empleadores tienen una gran parte de responsabilidad en este aspecto. Es crucial crear entornos laborales donde la comunicación y la expresión emocional no se perciban como una amenaza, sino como una parte esencial del bienestar de los empleados.

Vivimos en una sociedad que ha reforzado y publicitado la cultura de la hiperexigencia, y esto es una trampa. La hiperexigencia se alimenta a sí misma: cuanto más la aplicamos, más nos sentimos insuficientes, lo que aumenta aún más nuestras demandas sobre nosotros mismos. Este ciclo es lo que contribuye al desgaste emocional. Tanto las empresas como los empleados deben revisar estos puntos.

Cuando los trabajadores se sienten escuchados y respaldados, no solo se reduce el riesgo de burnout, sino que también se mejora el bienestar general, lo que repercute en un mayor rendimiento laboral.

Separar lo que somos de lo que hacemos

David: Una autoestima baja puede afectar profundamente el rendimiento en el trabajo, llevando a problemas como la procrastinación y el miedo al fracaso. Aunque me interesa tu punto sobre lo que deberían hacer las empresas, muchas veces la realidad es que la disminución de rendimiento impacta directamente al empleado, poniéndolo en riesgo de sufrir consecuencias o perder oportunidades. ¿Qué pueden hacer las personas para trabajar en su autoestima cuando el entorno laboral no es el adecuado?

María: Un aspecto que suelo trabajar mucho en consulta es la diferencia entre “mi trabajo” y “mi persona”. A menudo tendemos a mezclar nuestra ejecución laboral con nuestra identidad personal, lo que nos lleva a interpretar los errores como si fuesen fallos en nuestro propio valor. Este pensamiento puede desencadenar un ciclo de hiperexigencia, en el que intentemos compensar esa supuesta falta de capacidad. Es fundamental aprender a distinguir lo que “somos” de lo que “hacemos”, entendiendo que el trabajo es solo una parte de lo que hacemos, pero no nos define.

Otro punto clave es normalizar el error como parte natural de cualquier proceso. El miedo a fallar alimenta la hiperexigencia, y si no lo gestionamos, la sobrecarga es inevitable. Recuerdo una reflexión en consulta con un paciente: “Si los niños tuviesen el mismo miedo que los adultos a equivocarse, muchos de nosotros aún seguiríamos gateando”. Desde entonces, este paciente me dice que, cada vez que se enfrenta al error, “se está dando un paseo”. Y creo que ese paseo, en realidad, dura toda la vida.

Soledad elegida y vínculos con sentido

David: A menudo hablamos de la soledad como un problema que surge en el aislamiento físico, pero muchas personas experimentan soledad incluso cuando están rodeadas de colegas. Este sentimiento de incomprensión o de no ser escuchado en el trabajo puede tener un fuerte impacto en la salud mental. Desde tu perspectiva clínica, ¿cómo pueden afectar estos sentimientos de aislamiento al bienestar emocional de las personas y qué estrategias recomendarías para abordarlos?

María: La soledad solo se disfruta cuando es una elección consciente. Es decir, si normalmente nos sentimos acompañados y somos nosotros quienes decidimos pasar tiempo a solas en algún momento. Sin embargo, la soledad es más difícil de gestionar cuando estamos rodeados de personas y, aun así, nos sentimos solos, lo que a menudo agrava ese malestar.

La soledad tiene un impacto importante tanto en la salud mental como en la física, ya que actúa como un factor de estrés añadido. Durante mi tesis doctoral, lo vi claramente en residencias de mayores. A pesar de estar rodeados de muchas personas, un número significativo de residentes se sentía solo. Necesitamos contacto físico y, más que conversaciones superficiales, necesitamos diálogos con sentido, donde podamos compartir reflexiones y opiniones en un entorno que nos haga sentir realmente escuchados.

En el entorno laboral, es esencial fomentar oportunidades donde los empleados puedan conocerse mejor y relacionarse de manera significativa, más allá de las interacciones diarias de trabajo. Estas conexiones auténticas son fundamentales para combatir el sentimiento de aislamiento.

Pequeños daños que se acumulan

David: Muchas veces pasamos por situaciones en el trabajo que, aunque no las percibimos como traumáticas en el momento, pueden generar pequeños traumas que, con el tiempo, crean un efecto bola de nieve. Estos pueden ir acumulándose y afectar nuestro bienestar emocional sin que nos demos cuenta. ¿Cómo podemos identificar estos pequeños traumas y qué podemos hacer, tanto a nivel personal como organizacional, para prevenir que estos efectos se agraven?

María: A menudo, es complicado identificar estos pequeños traumas cuando ya han empezado a acumularse, porque nuestro sistema tiende a crear un resumen de lo que nos sucede. Esto puede llevarnos a una sensación difusa de malestar, sin poder señalar exactamente qué es lo que nos pasa. Podemos sentir que “no estamos bien”, pero sin tener claro el porqué, o con la sensación de que “son demasiadas cosas” para especificarlas.

Es clave trabajar en la identificación emocional, aprender a gestionar nuestras emociones, normalizar los errores y reconocer qué estrategias empleamos en el entorno laboral que podrían estar añadiéndonos carga. También es importante reconocer nuestras necesidades y establecer límites claros.

Desde el punto de vista organizacional, también hay muchas estrategias que se pueden aplicar. Ya hemos comentado algunos puntos, pero también es fundamental ofrecer refuerzos a los trabajadores. Es importante hablar abiertamente de lo que se puede mejorar y de los errores cometidos, entendiendo estos como oportunidades de aprendizaje. No olvidemos que no hay aprendizaje sin fallos.

Además, no debemos olvidar reconocer lo que se hace bien. Todos apreciamos que se valore nuestro trabajo y esfuerzo. Finalmente, es útil no personificar los errores o fracasos en una única persona, sino abordarlos desde un enfoque de equipo, buscando soluciones conjuntas para prevenirlos y gestionarlos mejor en el futuro.

Desconectar del trabajo también requiere atención

David: Muchas personas tienen dificultades para desconectar mentalmente del trabajo, llevándose a su tiempo personal pensamientos recurrentes sobre conversaciones o situaciones laborales. Un ejemplo común es quedarse “enganchado” pensando en cómo se podría haber actuado de otra manera en una conversación con el jefe. Desde tu experiencia, ¿cómo afectan estos pensamientos intrusivos a la salud mental y qué estrategias recomendarías para manejarlos y lograr una verdadera desconexión del trabajo?

María: Este efecto que mencionas es muy habitual y lo observamos constantemente en consulta. Es como si sumásemos las horas que dedicamos a la rumiación mental a nuestra jornada laboral. Aunque oficialmente trabajemos ocho horas al día, mentalmente es posible que estemos trabajando diez o incluso doce horas debido a la cantidad de pensamientos que dedicamos al trabajo.

El primer paso es darnos cuenta de que esto nos sucede. No podemos implementar estrategias para cambiarlo si no somos conscientes de que ocurre. Especialmente en momentos de estrés o ansiedad, tendemos a desarrollar un patrón de pensamiento que busca controlar eventos o situaciones que ya han pasado o que aún no han ocurrido, lo cual nos desconecta del presente.

Es crucial empezar a entrenar nuestra atención para enfocarla en el único momento en el que realmente tenemos control: el presente. Durante las horas laborales, esto implica concentrarnos lo más posible en nuestras tareas. Al salir del trabajo, debemos centrarnos en las conversaciones que mantenemos con otros, en actividades como la lectura, el ejercicio físico, el juego con nuestros hijos u otras tareas que nos resulten gratificantes. Este cambio de atención no es sencillo y requiere esfuerzo, tiempo y práctica, pero con constancia puede lograrse.

Una comprensión más amplia de la salud mental

David: Para finalizar, me gustaría pedirte algunas proyecciones sobre el futuro. La ciencia está avanzando rápidamente en el campo de la neurociencia y la psicología. ¿Cuáles son las áreas más prometedoras para futuras investigaciones y cómo crees que los descubrimientos en estos campos cambiarán el tratamiento de los trastornos psicológicos?

María: En las últimas décadas hemos avanzado enormemente hacia una comprensión más integrada de los problemas de salud mental, abandonando poco a poco enfoques excesivamente centrados en el cerebro. Durante mucho tiempo, la investigación trató de separar el cerebro del resto de sistemas del cuerpo, influenciada en parte por la visión dualista cartesiana, que desvinculaba la mente del cuerpo. Hoy sabemos que este no es el camino adecuado. Se ha comenzado a hablar del intestino como nuestro “segundo cerebro”, pero en realidad, hay muchos otros sistemas en el cuerpo que están estrechamente vinculados tanto a nuestra salud física como emocional.

Creo que la ciencia nos revelará grandes avances en esta dirección. El tratamiento de los problemas de salud mental evolucionará hacia un modelo que tenga en cuenta no solo el “contenido” (el cerebro), sino también el “continente” (el cuerpo como un sistema completo), siempre considerando el contexto de la persona. Será clave integrar los conocimientos que ya tenemos, sustentados por evidencia científica, con los nuevos hallazgos en campos como la neurociencia, la fisiología, la nutrición y la actividad física, acercándolos cada vez más a la práctica clínica. La ciencia es dinámica; lo que hoy consideramos una verdad puede cambiar en unos meses o años. Lo más difícil y valioso será formular las preguntas adecuadas, ya que de ahí parte todo avance significativo.

Procedencia

Entrevista realizada por David Garrote y publicada originalmente en LinkedIn el 3 de octubre de 2024. Recuperada para Tú Aspiración Profesional en 2026. La fecha de publicación en TAP corresponde a esta nueva edición y no sustituye la fecha original.

Ver la entrevista original en LinkedIn

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